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El litio como recurso estratégico - Juan Martín Cerullo


El presente trabajo tiene como objetivo presentar ciertas tendencias globales que, de aquí a 10 años, generarán un impacto actual o futuro en Argentina. En este caso, según el criterio del investigador, una de estas tendencias mencionadas es la siguiente: el litio como recurso estratégico. El análisis y desarrollo de la misma permitirá la formulación de propuestas de políticas públicas para un período de 10 años en relación a las mismas.

Previo a indagar en profundidad la tendencia, es conveniente destacar qué se entiende como tendencia global, con el objetivo de tener bien en claro a qué se refiere en el transcurso de este trabajo. Por lo tanto, entendemos a una tendencia global como un "patrón de comportamiento de los elementos de un entorno particular durante un período". Con esto en mente, esta tendencia será abordada desde las perspectivas de la gobernanza y de los asuntos estratégicos. Ante un sistema internacional anárquico y que sufre transformaciones constantemente, es necesario tener en claro las principales temáticas que rigen en él. Esta meta se lleva a cabo de manera eficiente con la correcta planificación y desarrollo de políticas públicas, no sin antes una previa investigación de las tendencias en cuestión. Es por ello que este trabajo, a criterio del investigador, presenta una tendencia que debe ser tenida en cuenta para un crecimiento y desarrollo óptimo del país.

El litio como recurso estratégico

El litio es, sin lugar a dudas, uno de los recursos más codiciados en el contexto global. Se trata de un metal alcalino, que ha cobrado importancia en estos últimos tiempos debido a su utilización en baterías eléctricas y en materia nuclear, ambas derivadas de las revoluciones tecnológicas del siglo anterior. Se encuentra principalmente en salmueras o salares de cuencas cerradas, y es considerado un recurso moderadamente abundante. Sin embargo, es necesario resaltar que el 85% de sus reservas se encuentran en el continente sudamericano en lo que se conoce como el "triángulo del litio", y dentro de los países que poseen este alto porcentaje encontramos al nuestro. El norte de nuestro país concentra esta abundancia del recurso, y encontramos como principales yacimientos de litio el Salar de Olaroz en Jujuy y el Salar del Hombre Muerto en Catamarca. En cuanto a producción mundial, nuestro país se encuentra cuarto en el listado, con un 8% de la misma. El precio de este recurso se encuentra en auge desde finales del 2020, por lo tanto, es el momento adecuado para comenzar a planificar un mayor grado de protagonismo para el litio en los años próximos, ya que se estima que su demanda aumentará.

No obstante, su regulación y extracción significan un desafío desde la perspectiva de la gobernanza. La extracción de litio es llevada a cabo mayoritariamente por inversiones extranjeras, que poseen los medios necesarios para llevarla a cabo correctamente. Además, según estipula la Constitución Nacional en su artículo 124, todos los recursos naturales pertenecen a las provincias en donde se encuentren, y podrán ser destinados a lo que las mismas consideren. Un claro ejemplo de este último punto es el Tratado interprovincial entre Jujuy, Salta y Catamarca sancionado el 5 de octubre de este año con el objetivo de establecer la “Región del Litio”, en la que se compartirán las mismas regulaciones y medidas regulatorias. Por lo tanto, el Estado se encuentra ante dos desafíos de igual magnitud: por un lado, garantizar el correcto desarrollo social y económico que la producción y extracción del litio puede significar, y por otro lado, la preservación del medio ambiente y el cuidado del mismo, que en materia de la misma, el país no se encuentra en sus mejores condiciones en relación al Acuerdo de París del año 2016.

En cuanto a la primera problemática, las provincias mencionadas anteriormente han hecho lo máximo posible como para diferenciarse del Estado Nacional, en cuanto a las inversiones se refiere. La inestabilidad característica del país, y los controles en materia económica, generan que los inversores piensen dos veces al invertir. Sin embargo, estas provincias han buscado atraer inversiones extranjeras que, ante un incremento en la demanda del litio, han decidido optar por ellas, ya que los otros dos países que conforman el triángulo del litio, Chile y Bolivia, son más restrictivos ante la inversión extranjera. De esta manera, han atraído inversiones de distintos orígenes, como norteamericanas o australianas, que se establecen en el territorio y extraen el litio. Es aquí en donde el Estado debe garantizar que las mismas otorguen a las comunidades allí presentes fuentes de trabajo y desarrollo económico que la producción conlleva. Los intereses de las potencias solo incluyen el ansia por el recurso en cuestión, y tienden a pasar por alto las zonas en las que invierten. Es necesario, para ello, una gobernabilidad firme que pueda hacer frente a todo aquello que las inversoras puedan pasar por alto, que comúnmente suele ocurrir con este tipo de inversores. Si bien la fuente de trabajo en este rubro se ha casi triplicado en estos últimos años, esto no quita que el Estado debe estar pendiente de la industria, siempre en favor de las comunidades allí presentes. Para ello, se debe intentar mejorar la cooperación y la relación con las provincias, para que el accionar sea aún más significativo. Mediante una relación Estado-provincias más significativa, y una mayor presencia estatal, se podrá coordinar de manera más efectiva todo lo que involucra este recurso tan preciado.

La segunda problemática, la que se refiere al cambio climático, es más compleja. Nuestro país no parece ir bien encaminado en cuanto a las metas propuestas para la disminución del impacto en el medio ambiente. Consecuentemente, la monitorización del impacto que conlleva la explotación del litio en nuestro país es bastante pobre. Las consecuencias de la extracción del litio en el medio ambiente suelen ser devastadoras. Dentro de las mismas, podemos encontrar: la alteración de la biodiversidad presente en los salares donde se extrae el litio, el uso del agua en lugares donde escasea (además de su contaminación), el impacto sobre la flora y la fauna, entre otras. Un dato no menor, es la competencia por el agua mencionada previamente, que es un recurso escaso en las zonas donde el litio abunda. Allí, las comunidades de pueblos originarios se encuentran ante la problemática de “competir” por el agua ante las empresas que requieren el agua para la extracción. Nuevamente, se requiere de un Estado con una gobernabilidad e instituciones firmes que puedan afrontar esta situación ambiental. Se requiere de mayor investigación científica como para determinar el total impacto que pueden generar la industria minera en estas regiones, pero es claro que un impacto ya es evidente, y el Estado debe coordinar con las provincias para buscar la manera de conseguir el recurso tan preciado sin que signifique un daño abismal para el ambiente y el paisaje de las zonas de extracción.

A modo de conclusión, el litio ha de formar parte del futuro en materia de producción y exportación del país. Primeramente, se debe considerar si la utilización de este recurso será destinada únicamente a la exportación o, como cree conveniente el autor, si comenzar a desarrollar una industria propia en busca de beneficios mayores. Con este fin, hace falta un desarrollo tecnológico y educativo para afrontar esta segunda opción, que el país necesita más allá de la temática del litio. Sin embargo, cualquiera sea el caso y como se ha reiterado numerosas veces, se requiere de una gobernanza y un Estado presente y consciente que pueda accionar de la mejor manera posible sin importar qué decisión se concrete.

BIBLIOGRAFÍA

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