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La tecnología en tiempos de pandemia ¿y después?

Por Ezequiel Eborall

En esta pandemia del COVID19 las tecnologías de la información y conocimiento (TIC) han cobrado un rol aún más preponderante en los distintos ámbitos de la vida humana del que ya ostentaban antes de las medidas de confinamiento que se han dispuesto a lo largo y a lo ancho del planeta. Redes sociales y plataformas de contenido audiovisual son un refugio ampliamente elegido para el entretenimiento en los hogares. Las reuniones virtuales se convirtieron en una actividad habitual para cada vez más ámbitos laborales. Y el e-learning resulta un recurso indispensable para continuar con la educación en todos los niveles.

Ahora también vemos en forma creciente que distintos gobiernos deciden utilizar las soluciones que ofrecen las TIC con el fin de lograr un control más riguroso de las medidas que adoptaron para paliar la crisis. Hace unas semanas España aprobó una norma que autoriza el desarrollo de una aplicación para celulares que le permita a las autoridades sanitarias la geolocalización de todos los ciudadanos para verificar que se encuentran en el lugar que han declarado estar durante el período de cuarentena.

Más recientemente, en un hecho prácticamente sin precedentes, Apple y Google -quienes juntos cuentan con 3500 millones de celulares activos en el mundo- han anunciado una iniciativa conjunta en torno a la tecnología Bluetooth, que ayude a los gobiernos a reducir la propagación del virus a través del rastreo de usuarios. Sus CEO, Tim Cook y Sundar Pichain, han hecho especial énfasis en que este desarrollo respetará el consentimiento, la privacidad y la seguridad de los usuarios. Sin embargo, Francia, ha sido el primero en solicitar a las dos empresas que rebajen sus protocolos de privacidad para facilitar el rastreo en la app que pronto lanzará el gobierno galo, algo que Apple se ha negado a hacer.

A fines de marzo Yuval Harari describió en el Financial Times como en China y Singapur se habían utilizado las TIC con el objetivo de aplanar la curva de contagios del virus. Pero Harari también advirtió que estas medidas de monitoreo, control y eventual castigo, que pueden brindar resultados exitosos en la crisis actual, podrían derivar en prácticas de control y manipulación social que excedan los objetivos sanitarios de la pandemia.

Los impactos de las filtraciones de Snowden y del escándalo de Cambridge Analytica, entre otros casos, nos recuerdan el valor que le otorgamos a la privacidad de nuestros datos, a nuestra intimidad y a la calidad de la información que consumimos y procesamos.

¿Estamos frente a un nuevo consenso internacional ciudadano que está dispuesto a ceder privacidad a cambio de garantías de seguridad y salud? ¿Cómo evolucionará ese consenso una vez contenida la pandemia y desvanecido el riesgo inminente?

Asistíamos a un mundo en el que la innovación tecnológica venía acelerando la dinámica de cambio como nunca antes en la historia de la humanidad y en donde el 5G -y sus aplicaciones sobre las telecomunicaciones, la inteligencia artificial y la robótica- proyectaba escenarios desafiantes e inciertos. Ahora podemos vislumbrar que también será necesario seguir bien de cerca cómo evoluciona la relación entre el estado y las empresas tecnológicas en detrimento de la privacidad y de otras libertades individuales cuando la pandemia haya sido superada.




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